martes, 17 de abril de 2012

Reseña de "Deadwood"

Bienvenidos al Salvaje Oeste. Corre el año 1876 y en las fronteras de Dakota del Sur, en un territorio aun salvaje y no explorado, casi fuera de sus propias fronteras, hay oro. Atraídos por la noticia, decenas de peregrinos van llegando al lugar y poco a poco surge el pequeño pueblo de Deadwood, el cual vemos crecer a lo largo de toda la serie.

Que nadie piense que al ser una serie del Oeste trata sobre vaqueros, forajidos e indios. No.

Deadwood es el nombre del pueblo, y la serie narra la historia de sus habitantes y por lo tanto la del propio pueblo. Y lo más curioso es que está basada en hechos reales (algunos adornados o estirados para la ocasión, pero con cierta base histórica). Personajes como Wild Bill Hickok y su amigo Charlie Utter, Calamity Jane, el Sheriff Bullock, el despiadado Al Swearengen y muchos otros existieron realmente.

Y es que la serie presenta un gran reparto coral y fluye a modo de novela-río, con unos personajes principales y decenas de secundarios que toman protagonismo en algunas ocasiones. Todos memorables y realmente buenos. Difícil es que no te caigan simpáticos varios personajes, pues hay muchos donde elegir.

La serie comienza con las tensiones entre el sheriff Bullock y Al Swearengen, propietario del Gem Star, el salón local. Y es que en una región tan apartada es muy difícil mantener la ley y allí impera la del más fuerte y astuto. Y a eso no le gana nadie al viejo Al y a su fiel cuchillo. Aquél que lo enfada o traiciona acaba sirviendo de comida a los cerdos del señor Wu, jefe de la comunidad china del pueblo (atención a este personaje y sus desternillantes intentos de hacerse entender por Al y sus secuaces en más de un episodio).

La serie es cruda en cuanto a su lenguaje, plagado de tacos y de comentarios soeces, en sus escenas, tanto violentas como de sexo, y con un guión realmente duro, donde no siempre ganan los buenos y donde esos buenos a veces no lo son tanto y los malos parecen menos malos.

Y es que conforme la serie avanza y un nuevo local de juego y chicas es abierto en Deadwood, con un propietario aun más peligroso que Al Swearengen, éste y el sheriff deben incluso trabajar juntos para equilibrar las fuerzas en Deadwood.

Crímenes, peleas, el día a día en la frontera, relaciones personales, todo cabe en esta magnífica serie con no menos mejores actores: Ian McShane interpeta a Al Swearengen, Timothy Olyphant al estirado sheriff Bullock, Keith Carradine como Wild Bill y así podría seguir en un plantel de lujo que se mueven en un pueblo del Antiguo Oeste recreado al completo para la serie, y con un maquillaje y unas caracterizaciones asombrosas.

Diálogos excelentes, gran ritmo narrativo y un esquema temporal en el que cada capítulo es un día particularmente importante en la historia del pueblo, junto a sus sólidos guiones y personajes, la hacen una de las mejores series de su cadena, la HBO, la cual se distingue por la calidad de éstas. Obtuvo una audiencia notable y varios premios pero, al igual que pasó con otra serie similar de la cadena (Roma), los costes de rodaje se disparaban y fue cancelada en su tercera temporada. Se anunció su cancelación a mitad de temporada y sus últimos episodios fueron re-escritos por el propio creador, David Milch, para poder darle al menos un final. Un final duro y frío, sin piedad, como los habitantes del pueblo. Unos habitantes que se mueven siempre al filo de la navaja, entre el bien y el mal, lo moral y lo malvado. Siempre eligiendo un mal menor.

Poco a poco, incluso Al Swearengen no nos parece tan malvado, pese a todas las tropelías cometidas, pues siempre vemos que hay gente con menos escrúpulos que él y a los que sólo preocupa su riqueza.

Se rumoreó que la HBO produciría dos telefilms para rematar del todo la serie pero finalmente los decorados fueron demolidos y simplemente la cadena creó un documental incluido en la edición en DVD de la tercera temporada que contaba la historia de los personajes más allá de esa temporada.

Posiblemente no sea una serie para todos los públicos, gustos o estómagos, pero sin duda merece ser vista por aquellos suficientemente duros y con lo que hay que tener para visitar sus polvorientas calles. Cuidado con lo que encontrareis.

Estáis avisados, forasteros.

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